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enero 28, 2005

Comentarios

Iloba

Estimado amigo:
Yo, en cambio, no tengo tiempo de escuchar a nuestros políticos: ésos señores que dan mal nombre a la oratoria y sí al circo romano (¡qué grandes nuestros padres romanos!)
También me incluyo entre los suspirantes de una república o estado federalista, sea modelo francés o alemán, pero dudo mucho que en este maltrecho país nuestro se tenga valor para dar el salto, dejarnos de anacronismos y parásitos (perdón, majestad) y evolucionar a un estado "moderno".
Tal vez para éso debamos madurar como ciudadanos y ejercer más como tales, pero ¿cómo conseguirlo cuando nuestra clase política deja mucho que desear, la educación está de barro hasta las orejas y casi el único referente cultural es una caja tonta que ahora hacen extraplana y de usar y tirar(como las compresas, ¡vaya símil!)?
Aún así no pierdo la esperanza. No me "mola" el plan Ibarretxe porque no es integrador y si secesionista de una sociedad muy compleja, aunque en el fondo es un anhelo de todos los pueblos que componen nuestro país.
Hace poco estuve en una exposición interesantísima: La Fundación Pablo Iglesias expuso parte de su colección de carteles realizados por varios artistas durante la Guerra Civil para distintas organizaciones sindicales, partidos políticos y anarquistas. Aparte de su valor artístico - estético (muy en la linea del comunismo soviético) lo más interesante fue recordar las consignas de la República contra el Fascismo, el Caciquismo y el Analfabetismo.
Se lo recomiendo a ud si tiene ocasión de visitarla en Madrid u otra ciudad de España, ya que se manifiesta con pensamiento politíco de izquierdas y debería ser obligatorio para todos aquellos que creemos en que las cosas pueden mejorar.
Mis mejores deseos.

linda

¿que sería del pais si a todos nos dieran, como a los funcionarios, una poltrona de por vida?.Vuelva usted mañana, oiga, que hoy no me da la gana de venderle nada...
¿que tal si los funcionarios, como los contratados laborales, estuvieran en un proceso de evaluación permanente jugándose puesto y sueldo en función de su rendimiento?
la realidad es que hay funcionarios que desaniman, algunos incluso asustan pero otros, doy fe, ayudan.
Por ellos.
Mis besos a zucco.

Iris

Bueno pues ya ves hoy he encontrado una buena excusa para dejarte un comentario, por alusiones ...
Soy funcionaria, atípica pero funcionaria, por pertenecer al colectivo de profesores de universidad funcionarios de este país.
Y ... es triste pero no me queda más remedio que estar de acuerdo con la opinión popular, miro alrededor y me asombro del apoltronamiento personal y profesional al que llegan la mayoría de colegas, habiendo encontrado al fin el "sofá" donde seguir descansando pero cobrando eso sí de dinero público.
Aunque no deje mensajes, también yo te leo regularmente.
Un abrazo no funcionarial

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LIBROS

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    Comienza a escribirse sobre el 11 de Septiembre. En "Windows on the World" (Anagrama), prepotente nombre del restaurante situado en la última planta del no menos inmodesto y ya destruído World Trade Center de Nueva York, el escritor francés Fréderic Beigbeder trama y teje una relación entre esa altura y la de "Le Ciel de París", desde donde escribe, en la Torre de Montparnasse. En el libro se reflexiona sobre aspectos de nuetra vida, pero, sobre todo, es el conmovedor relato de las peripecias de un ejecutivo que ha ido a desayunar con sus pequeños hijos a ese lugar. La situación recuerda a la del personaje de "La vida es bella". Ante sus hijos, horrorizados por la situación, mantiene que se trata solo de una simulación y que todo eso pasará muy pronto. Es curiosa la estructuración de la novela. Cada capítulo es un minuto de los 105 que transcurrieron entre el impacto del avión y la caída de la Torre Norte. Más que una gran novela, es la prometedora entrega de un escritor no menos prometedor.
  • Bernardo Atxaga: El hijo del acordeonista

    Bernardo Atxaga: El hijo del acordeonista
    (Alfaguara) Un libro magnífico, en la línea narrativa de anteriores novelas de Atxaga. La guerra civil, tan real ella, y los paisajes de Obaba, tan líricos y estlizados, vistos desde California en un relato atrapador, hecho de retazos que terminan uniéndose en un puzzle perfecto. Este novelista ha conseguido lo más difícil: una escritura vigorosa, reconocible y propia.

  • Michel Houellebecq: Plataforma
    De este joven escritor francés ya conocía su "Ampliación del campo de batalla", que me había dejado indiferente. Cuando leí "Plataforma" (Anagrama), anduve varios días con los ojos como platos. Creo que es una novela interesante, pero, sobre todo, una reflexión impertinente, provocadora, que descoloca por su claridad y valentía, y que lleva implícita una toma de posición ideológica por parte del lector. Contiene el alegato más radical que he leído contra el Islam (por eso ha sido un escándalo en su país), y para quienes provenimos de las remotas regiones del marxismo supone una revisión de lo que queda de nuestro pasado mental. Lo he regalado muchas veces y casi nadie ha sabido qué decirme. Algunos/as creo que no me saludan.
  • Paul Auster: La noche del oráculo
    (Anagrama) El mejor Auster. Nuevamente. Ese que consigue que los dedos se te peguen al libro. Ese que hace que maldigas el tener que levantarte por la mañana y no puedas seguir leyendo. Ese que, sin pedantería, reflexiona escribiendo sobre el hecho de escribir. Ese que ha revitalizado a escala planetaria los conceptos clásicos de la intriga y la progresión en el relato. Ese que describe personajes de carne y hueso en situaciones inverosíles, y unos y otras se hacen creíbles para el lector. Ese que ha recogido lo mejor de la literatura norteamericana y la ha mezclado con su formación clásica, europea. Lee este libro ya.
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    Si yo fuera Chet Baker y leyera mi propia biografía escrita por James Gavin (Reservoir Books) supongo que me removería en la tumba. Un lector normal, y, sobre todo, vivo, se quedaría de piedra ante las peripecias contadas en un libro que relata con todo lujo de detalles el implacable y larguísimo proceso de autodestrucción de uno de los mejores músicos de jazz de todos los tiempos. Desde su origen familiar a las misteriosas circunstancias de su muerte, pasando por el calvario (para él y para que los le rodeaban) de su adicción a las drogas, todo en el libro es extremo. Como extremo es el biografiado mismo: seductor hasta en los últimos momentos, amoral, solitario, egoista, genial músico. Una delicia de libro.
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